<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6382600369424510722</id><updated>2012-02-16T10:55:20.381+01:00</updated><title type='text'>Teodora y el monstruo</title><subtitle type='html'>Blog improvisado de una aspirante a cuentista que sueña más de lo que escribe</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Teodora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08818313062606842423</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_DsxcnPB4noY/SZa-sPONwRI/AAAAAAAAAAM/M_TUyIk_gTA/S220/IMG_0187.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6382600369424510722.post-312331224712863248</id><published>2009-05-20T21:59:00.007+02:00</published><updated>2009-11-18T17:15:07.087+01:00</updated><title type='text'>Arroz salvaje</title><content type='html'>Arroz salvaje&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor, te escribo porque quiero que lo sepas por mí, y no por ellos. Lo del arroz en el supermercado, me refiero. No creas que salir así fue algo planeado, no.&lt;br /&gt;El médico me recomendó ver caras nuevas, distraerme, pasear por el barrio. Dijo que era una forma de no pensar en ti. Por eso empecé a ir al supermercado. Claro que lo del arroz, no se lo había contado, ni a ti tampoco, amor. Pero no estaba planeado, a veces las cosas surgen, al menos hoy han sido así, sin más.&lt;br /&gt;Y es cierto, amor, el supermercado estaba empezando a gustarme ¿sabes? Incluso me he dado cuenta de que, en las últimas semanas, al cruzarme con la gente, hasta puedo mirarla a los ojos. El miércoles pasado, por ejemplo, el cura del barrio me dedicó una sonrisa de lo más cínica cuando me pilló espiándole. Eligió un paquete de arroz salvaje. Uno de esos envases de cartón con una foto de un guiso salpicado con frambuesas. Yo solo intentaba adivinar el tipo de arroz que metería en su cesta ¡Y acerté! Porque esa marca de arroz, amor, es como una novia bestial, y eso a los curas les encanta.&lt;br /&gt;Y el jueves, cuando salíamos, tú y yo, cargados de bolsas, se me acercó un chaval encantador a preguntarme si necesitaba ayuda para llevarlo todo. Sí, amor, a ese chico lo conoces ,me refiero al extranjero que vende periódicos en la entrada del supermercado. Yo, por supuesto, le agradecí tanta amabilidad, pero tuve que aclararle que no era necesario, que ya me estabas ayudando tú. Y el pobre, se puso pálido, cómo si de repente se le hubiera aparecido una virgen sangrante, o algo peor.&lt;br /&gt;Sí, esto del supermercado, me parece divertido. Se conoce una gente de lo mas peculiar ¿no te parece amor?&lt;br /&gt;Tiene razón el médico, creo que todo el mundo debería probarlo. Me refiero al momento de echarse una cesta al brazo y caminar por los pasillos, con la cabeza bien alta, disfrutando de la estantería de los arroces, que siempre está ahí, con los paquetes más o menos ordenados; sea martes o sábado, llena variedades para elegir.&lt;br /&gt;Mis días favoritos, amor, son los martes, porque traen presentaciones de lo más sugestivas; como rissotos para el microondas, o preparados con verduras liofilizadas. Aún recuerdo aquellos paquetes de tela. Te hubieran encantado, amor. Si alguna vez encuentras uno, te recomiendo que no te los pierdas, que dediques un rato a acariciarlos. Ese tacto que tiene el arroz de Calasparra a través del paño, esos granos cortos que se intuyen bajo la trama, valen cuatro euros, o más, mucho más, amor.&lt;br /&gt;Lo malo, es que algunos días, no consigo contenerme. Llego a la estantería de los arroces y empiezo a llenar la cesta tan deprisa que ni elijo lo que me estoy llevando. Es como si ya no notase las diferencias, y me da lo mismo coger un kilo de basmati brajma que cuarto de integral al vacío. De repente, todo vale y soy capaz de llevarme cualquier cosa, incluso esos envases de grano largo para el microondas que tanto te repugnan.&lt;br /&gt;Al ver todos los paquetes ahí, tan pacíficos, amor, necesito acariciarlos. Porque llevan horas, días, esperando que alguien se los lleve, igual que yo te espero aquí, ahora.&lt;br /&gt;Y es que, cuando estoy en el supermercado, caminando con la cesta así de llena, soy libre de acariciar un Uncle Bens, o alguna otra marca de las que nunca se pasan. Y entonces, solo entonces, apareces tú. Tú, que siempre me esperas sobre la alfombra roja. Y luego te acercas a mí, me cojes del brazo, y volvemos a hacer nuestra salida nupcial.&lt;br /&gt;Caminamos por el pasillo de los arroces, y al fondo la cajera siempre nos sonríe. No hay música en nuestro supermercado, no; pero al fondo de la tienda, la caja se ilumina, y alguien ha decorado las cintas transportadoras con velas y tulipanes.&lt;br /&gt;Y mientras nos acercamos a la caja, elijo un paquete de arroz cualquiera, y lo sostengo entre mis manos como si fuera un ramo de margaritas. Y el tacto del plástico, me produce unas cosquillas que casi son besos. Aunque si los invitados miran, intento ser discreta, amor, y devuelvo el paquete a la cesta. Ya sabes las novias debemos comportarnos.&lt;br /&gt;Luego mientras me llevas por el pasillo, te prometo que esta será nuestra última boda, que no necesito que volvamos a casarnos. Y tú te ríes a carcajadas, amor, lloras de la risa. Eso me molesta un poco, pero es nuestra boda, y prefiero no fastidiarte.&lt;br /&gt;Creo que esto no lo sabes, amor, porque continúas ahogándote de risa, dejamos atrás el estante de legumbres y el de los detergentes, y tú ríes más y más. Pero a pesar de tu risa, sé que tú también disfrutas un poco de nuestra boda, y de eso, solo soy me doy cuenta yo.&lt;br /&gt;Al llegar a la caja un foco nos deslumbra, solo vemos al contraluz, y nuestros invitados se transforman en filas de siluetas negras. Pero están ahí. Si, nunca faltan, y la ceremonia siempre está muy bien organizada. Nos esperan muy quietos, ordenados, cada uno en la caja que le corresponde. Ellas, sostienen tulipanes en las manos, y algunas, además aprovechan para regalarnos algo sencillo como una barra de pan, o un poco de charcutería. Si, amor, nuestra boda siempre es humilde, sin fotos, ni música, porque casarse para nosotros empieza a ser algo cotidiano.&lt;br /&gt;Aunque algunos días, como hoy, preferiría que en lugar de volver casarte conmigo, me llevases lejos, a otros supermercados, a lugares sin pasillos, ni cajas. Seguir caminando de tu brazo, escapar de todas esas siluetas que nos miran.&lt;br /&gt;Pero normalmente, cuando llegamos a la caja, y veo como me mira la empleada, se me olvida todo este romanticismo, amor. Si, ella examina la cesta, con gesto de cura y empieza a sacar uno a uno nuestros paquetes. No creas, que no me dan ganas de marcharme. Pero no lo hago, amor, porque aunque me avergüenza un poco esa forma que tiene de mirarnos, en el fondo, sé que ella no entiende nada de arroz, ni sabe porqué lo necesitamos.&lt;br /&gt;Así que hasta hoy siempre he pagado, y luego, como si fuéramos unos clientes más salimos juntos de la tienda, bajo la mirada complacida de nuestros invitados.&lt;br /&gt;Hoy ha sido distinto, amor. La cajera me ha señalado el paquete de Uncle Bens y ha sonreído ¿Te puedes creer?&lt;br /&gt;Si, y me ha dicho que era su favorito. Y amor, no he podido callarme, espero que lo entiendas. Pero es que esa tipa, no hace falta que te diga lo que me parece, lo sabía, lo del arroz, me refiero.&lt;br /&gt;-¡Es mío, solo mío!- Le he respondido sosteniéndole la mirada.&lt;br /&gt;Y ella bajando los ojos ha comenzado sacar nuestros paquetes y a leer los códigos de barras con su detector; uno a uno, igual que siempre, pero fingiendo que no me escuchaba.&lt;br /&gt;Entonces he sentido el silencio de nuestros invitados. Ellos también lo sabían, amor ¡lo sabían todos!&lt;br /&gt;Por eso te he vuelto a proponer que nos marchásemos. Huir. Dejarlo todo, el arroz, esta música que no suena, los tulipanes. Todo.&lt;br /&gt;- Vamos, disfruta del día- me has respondido, sin más -¿Cómo van a fugarse lo novios de su propia boda?&lt;br /&gt;-¡Pues yo me voy!– Te he gritado, sí, lo sé, te he gritado -¡Y los paquetes de arroz son míos, solo míos! he vuelto a chillar girándome hacia la cajera y nuestros invitados.&lt;br /&gt;Pero esa tipa, me ha extendido el ticket con una sonrisa de cura y ha empezado a meter todos los paquetes en bolsas de plástico. Y le he pagado, no creas, e incluso he llegado a coger las bolsas para marcharme.&lt;br /&gt;Si no me hubiera vuelto a sonreír, mirándome con esos ojos de cura libidinoso, me hubiera ido sin más, pero después de aquello ya no he podido contenerme.&lt;br /&gt;-¡Jódete!- He gritado tirándole el Uncle Bens a la cara.&lt;br /&gt;Luego he sentido los cuchicheos de nuestros invitados en las filas, aquello era el colmo, ¿qué se creían?&lt;br /&gt;-¡Mejor aun! ¡Que os jodan a todos! – me he girado hacia ellos.&lt;br /&gt;Y he empezado a lanzar paquetes, sin pausa, uno a uno, contra sus cuchicheos, contra sus risitas hipócritas, y hasta que no se han vaciado las bolsas no he sido capaz de parar.&lt;br /&gt;Tendrías que haber visto cómo quedó el suelo, amor, repleto de de envases estallados y cajas rotas; con todo ese arroz desparramado, como una inmensa ola de nacar integral mezclada con tulipanes tronchados y plásticos de colores.&lt;br /&gt;Y quería que lo supieras, amor. Que soy feliz aquí dentro, y que la última boda ha sido la mas hermosa. Si, y no te rías más, que esta ha sido la última.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6382600369424510722-312331224712863248?l=teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/feeds/312331224712863248/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/05/arroz-salvaje.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/312331224712863248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/312331224712863248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/05/arroz-salvaje.html' title='Arroz salvaje'/><author><name>Teodora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08818313062606842423</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_DsxcnPB4noY/SZa-sPONwRI/AAAAAAAAAAM/M_TUyIk_gTA/S220/IMG_0187.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6382600369424510722.post-5446873706767274566</id><published>2009-03-15T11:07:00.088+01:00</published><updated>2009-05-26T15:56:45.036+02:00</updated><title type='text'>Caída libre</title><content type='html'>Esa noche, la mujer murciélago, cansada de darle vueltas a la idea de retirar el precinto de su ventana, rompió el cristal y salió hasta el poyete. Allí, en el interior, continuaba sentado el gato, que seguía mirando por la ventana, sin decidirse a cruzar el marco. Pero a la mujer murciélago ya no le importaba que el gato mirase, así que ignorándolo, se colocó en posición de salida, y como un nadador al borde de un trampolín, juntó las manos y se lanzó, de cabeza, al vacío.&lt;br /&gt;Ya en el aire, todos aquellos años que había pasado colgada, meciendo sus rizos, junto a la ventana, le parecieron tan solo un buen principio, como un calentamiento para disfrutar mejor de de su primera caída en la lluvia del cielo. Y sonrió, al sentir el aire golpeándole la cara, y al contemplar como la luna, que se reflejaba sobre los cristales del edificio, la acompañaba, piso a piso, mientras ella abría los brazos igual que una prisionera que acaba de rendirse.&lt;br /&gt;Pero cuando la mujer murciélago precintó con silicona el marco de su única ventana, tampoco pensó que aquella decisión iba a mantenerla tantos años colgada frente al cristal, balanceándo la melena, una noche tras otra, para vigilar al gato; siempre con la duda de si debía, o no, retirar el precinto y arriesgarse a que el gato echara a volar.&lt;br /&gt;Y cuando el golpe contra el suelo parecía inminente, y sus rizos estaban a punto de llenarse de barro, la mujer murciélago, desplegó sus alas negras. Entonces, suspendida en el aire, lo tuvo claro.&lt;br /&gt;Por eso voló de nuevo hasta el poyete de la ventana. Debía advertirle al gato de los peligros que tiene el cielo con lluvia, de lo que pasa con la silicona en las ventanas y sobre todo, de que la luna, no está en todos los cristales.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6382600369424510722-5446873706767274566?l=teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/feeds/5446873706767274566/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/03/alas.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/5446873706767274566'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/5446873706767274566'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/03/alas.html' title='Caída libre'/><author><name>Teodora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08818313062606842423</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_DsxcnPB4noY/SZa-sPONwRI/AAAAAAAAAAM/M_TUyIk_gTA/S220/IMG_0187.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6382600369424510722.post-3843986087798738882</id><published>2009-03-09T00:02:00.033+01:00</published><updated>2009-08-23T16:35:42.731+02:00</updated><title type='text'>Corazón de metal</title><content type='html'>Cuando escuché aquel sonido, salí al pasillo. Allí se percibía con claridad, era cómo un latido metálico, que hacía vibrar el suelo y las paredes. En el Hospital ya no quedaba nadie. Carmen, la supervisora, y el resto de las enfermeras, hacía ya más de una hora que se habían marchado. Volví a mi despacho con la duda de, si no estaría un poco transtornada después de tantas horas de trabajo; o si no sería parte de aquel atardecer eterno que llevaba días colándose por mi ventana.&lt;br /&gt;Pero el ruido resonaba en las compuertas, y obligaba al flexo de mi escritorio a saltar sobre la mesa igual que una mascota feliz. Era un sonido mecánico. No se parecía al silbido de las naves cuando arrancan, ni a la vibración tensa de los vagones de transporte estelar. Recordaba más bien, a un timbal enorme, que suena una vez, y otra, con un intervalo cada vez más largo.&lt;br /&gt;Me pareció que venía del fondo, de la unidad neonatal y, para avanzar por el pasillo, tuve que abrirme camino entre montones de cajas de cartón, y varias cunas térmicas mal aparcadas. En aquel pasillo, iluminado tan solo por las luces de emergencia, tuve la sensación de que al fondo, detrás de todos aquellos trastos, alguien me esperaba.&lt;br /&gt;— ¿Hay alguien ahí? —grité al llegar al final del corredor.&lt;br /&gt;Pero nadie contestó. Y el latido, se volvió aún más lento, como un juguete averiado, de tonos graves; así que, a pesar de aquella sensación de que me observaban, empujé la compuerta y entré en la unidad.&lt;br /&gt;Allí, entre los hatillos de sábanas, torres de bombas, y varias pantallas apagadas, alguien había encendido una de las incubadoras, y en su interior, iluminada por una luz azul, se adivinaba una criatura de pelo blanco.&lt;br /&gt;Para llegar hasta ella, de nuevo tuve que abrirme paso entre montones de sábanas y unas cuantas latas de leche que rodaban por el suelo. Al acercarme pude apreciar sus patas, eran gruesas y cortas, pero le servían para abrazar su morro, quizás demasiado largo, entre sus garras como si fuera un biberón. Estaba claro, aquello no era humano. Y lo extraño era, que aquel sonido metálico, comenzaba a resultarme familiar.&lt;br /&gt;Cuando al fin alcancé la incubadora, me recordó a las crías de los prototipos, esos robots biológicos diseñados en los primeros años del genoma, que nunca llegaron a utilizarse. Tenía el cráneo alargado como el de un tejón, pero además, al igual que los prototipos, era del mismo tamaño que las ratas de laboratorio.&lt;br /&gt;Respiraba de manera entrecortada, bamboleando la barriga, y emitía un quejido suave, casi constante. Abrí la incubadora, con cuidado, y le palpé el tórax. El corazón le sacudía el pecho con tal fuerza que parecía ir a perforarlo. Era como si aquel órgano pretendiera continuar con su ritmo en solitario, como si interpretase una música demasiado intensa y aquel torax, aún pequeño, no lograra acompañarlo.&lt;br /&gt;Por un momento dudé si se trataba de un corazón de metal. Pero no era posible, aquellos prototipos, se habían extinguido. Todos, sin excepción, fallecieron en las primeras fases de los ensayos. Entonces abrí el cajón de la incubadora y saqué el transductor. Me llevo mi tiempo examinar aquel torax con detalle, pero no me cupo duda. La criatura tenía el corazón de metal.&lt;br /&gt;Al ver sus labios sonrosados y la forma en que se llevaba las garras hasta la boca, me costó creer que aquellos latidos desprogramados fueran los suyos.&lt;br /&gt;— ¿Se muere? —dudé al colocarla boca abajo. Ella, sin dejar de chuparse las garras, giró la cabeza y me miró a los ojos. Poco a poco, sus pupilas de gato estrábico se fueron abriendo, y justo después del último latido, se quedaron fijas, completamente dilatadas; como si de repente alcanzasen a ver la estela de barro cósmico hasta La Tierra, o cualquier otra distancia, que yo ni me atrevía a imaginar.&lt;br /&gt;Volví a colocarla boca arriba, y le posé los dedos entre las costillas para comprobar que acababa de pararse.&lt;br /&gt;— Imposible reanimarla— pensé mientras la sacaba de la incubadora— tiene un corazón de metal.&lt;br /&gt;La sostuve entre las manos y me senté sobre las cajas. Aún se movía. Pero poco a poco, dejó de chuparse las garras. Me abrí la bata y la acomodé sobre mi pecho para ver si podía calentarla,&lt;br /&gt;aunque fue inútil, no tenía pulso. Su corazón se había fundido. No había nada que hacer.&lt;br /&gt;Durante un rato pude sentir como buscaba con el hocico sobre mi piel. Acaricié su cuerpo peludo hasta que dejó de moverse, y entonces dudé si debía abandonala entre los residuos biológicos, o si era mas higiénico entregarla de forma anónima en el laboratorio. Pero aún mantenía el calor, y yo no lograba decidirme, así que opté por dejarla en la incubadora y esperar a comentarlo con Carmen.&lt;br /&gt;Antes de salir de la unidad, la coloqué boca abajo, tal y cómo la había encontrado; y con cuidado de no taparle la cara, le enrollé con un empapador.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, ya en la entrada del hospital, sentí de nuevo una vibración en el suelo. En el elevador, los cristales temblaron tanto que dudé si aguantarían sin quebrarse. Y en el pasillo, a mi paso, las pilas de cajas amenazaron con derrumbarse.&lt;br /&gt;Al llegar  a la unidad y abrír la compuerta, encontré a Carmen sentada sobre un montón de cajas. Mecía a la criatura entre sus brazos mientras le susurraba una canción de cuna.&lt;br /&gt;— ¡Tiene el corazón de metal! —Sonrió—&lt;br /&gt;No supe qué contestar, así que encogí los hombros, y volví al pasillo. Allí, Las pilas de cajas se habían desmoronado como piezas de dominó, y bailaban sobre el suelo cerrándome el paso. Para volver a mi despacho tendría que idear la forma de sujetar todas aquellas cajas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6382600369424510722-3843986087798738882?l=teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/feeds/3843986087798738882/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/03/corazon-de-metal.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/3843986087798738882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/3843986087798738882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/03/corazon-de-metal.html' title='Corazón de metal'/><author><name>Teodora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08818313062606842423</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_DsxcnPB4noY/SZa-sPONwRI/AAAAAAAAAAM/M_TUyIk_gTA/S220/IMG_0187.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6382600369424510722.post-7300857590269030848</id><published>2009-02-14T14:22:00.028+01:00</published><updated>2009-03-18T23:13:18.766+01:00</updated><title type='text'>Un buen trato</title><content type='html'>A pesar del cuidado que he puesto en no dejar a solas ninguno de mis cuadernos, en los últimos meses, desde que empezó nuestra pequeña guerra doméstica, el monstruo tragaletras ha logrado que no escriba nada, ni un solo sueño. Y cada mañana al encender la luz, en lugar de mis cuadernos, solo encuentro un montón de hojas babosas desparramadas sobre la alfombra. Hojas que ahora, en plena lucha, solo me recuerdan que una vez, aquellos cuadernos albergaron la mejor colección de sueños jamás escrita. Los tenía de todo tipo, con rodeos de pavos reales, desplegables de millonarios, de vacas hechas con gelatina, incluso su sueño, del que se escapó, ese también estaba.&lt;br /&gt;Pero hace meses que todos esos cuadernos están en blanco, porque él, se zampó cada frase, cada palabra, y convirtió mis páginas, mis ejemplares de coleccionista, en amasijos de papel baboso. Y lo que es peor, no se ha conformado con robarme las palabras, ahora, cada mañana, antes de que me despierte, él ya ha borrado de mi memoria todos los recuerdos que yo pretendía escribir.&lt;br /&gt;Al principio, cuando el tragaletras se escapó del cuaderno, y decidió quedarse a vivir en casa, no me importó. Tampoco me molestó que usase la parte oscura de mi armario para dormir sus siestas interminables. No había motivos para discutir. Durante el día, yo escribía entregada a mis recuerdos de coleccionista, mientras él roncaba con ritmo fácilón. Y por las noches, él devoraba los libros mohosos de mis estanterías, mientras yo soñaba frases apocalípticas para la mañana siguiente. Pero con el paso del tiempo, las frases preparadas de mis best-sellers dejaron de resultarle manjares irresistibles, y después de cada banquete se desfogaba con un concierto de gruñidos y flatulencias. Era espantoso intentar conciliar el sueño con aquel gigante eructando a mi alrededor.&lt;br /&gt;La guerra comenzó una noche, en la que él, cansado de mis quejas, se adueñó de uno de mis cuadernos e intentó robarme el sofá, y yo, tras forcejear un buen rato, tuve que gritarle que estaba harta de eructos y de babas, que solo deseaba verle de vuelta en el cuaderno para arrancar su sueño, que no él ya no cabía en mi colección. Entonces él empezó a gimotear como una mascota cualquiera y corrió a esconderse en el armario. Y yo, aprovechando su retirada, corrí a esconder el cuaderno entre mis almohadas, y a cubrir el sofá con un plástico. Entonces empezaron los robos, al principio no me preocupé, ya que solo entresacaba algunas líneas de mis cuadernos más antiguos. Quizás, de no ser porque los dejaba cubiertos de aquella baba tan fina, ni me habría enterado. Pero aquello se convirtió en una costumbre demasiado frecuente, y cuando decidí tomar medidas, la mayoría de mis escritos estaban ya incompletos y empapados. Y, aunque intenté salvar los restos de mi colección escondiendo los cuadernos entre mis almohadas de plumas, ya era demasiado tarde.&lt;br /&gt;Unos días después empezó el acoso nocturno. El tragaletras, era insaciable, no se conformó con comerse toda mi colección, sino que además empezó a pasar las noches aullando como un perro enjaulado. Y aquello no era casual, lo hacía solo para desbaratar esos sueños yo aún podía escribir, y por si acaso, además me robaba los cuadernos.&lt;br /&gt;Así que esta mañana, cansada ya de suplicarle que me devolviera mi último sueño, y que dejase de embadurnarlo todo con sus babas, he decidido subir la persiana y olvidar las noches en blanco tecleando en mi portátil. Al principio el tragaletras, no ha parado de gruñir ni de menear la estantería, pero yo he conseguido seguir escribiendo, como si también él fuera un sueño en blanco, como si sus gruñidos pudieran difuminarse entre los restos mojados de mis cuadernos, y la claridad del día hubiera dispersado recuerdo de mi colección. Y de repente dentro de la pantalla han arrancado a volar cientos de lobos que huían de una manada de cuervos feroces, y en plena estampida, una vaca de gelatina morada se ha empeñado en besar a un pavo real. Cuando he levantado la cabeza del ordenador, el tragaletras, cubierto de plumas negras y trozos de gelatina, roncaba acurrucado en mi sofá. Y al verle allí, abrazado a mis cuadernos llenos de babas, mientras el sol le calentaba los pies, he dudado si debía despertarle para quitar el plástico. Al final he decidido bajar un poco la persiana, coger el portátil, y sentarme a su lado para empezar una nueva colección.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6382600369424510722-7300857590269030848?l=teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/feeds/7300857590269030848/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/02/un-buen-trato.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/7300857590269030848'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6382600369424510722/posts/default/7300857590269030848'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://teodora-teodorayelmonstruo.blogspot.com/2009/02/un-buen-trato.html' title='Un buen trato'/><author><name>Teodora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08818313062606842423</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_DsxcnPB4noY/SZa-sPONwRI/AAAAAAAAAAM/M_TUyIk_gTA/S220/IMG_0187.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry></feed>
